Una vez que pasa al plano ético (puesta en práctica), se establece la magnitud de dichas acciones y de cómo afrontarlas de la manera más positiva e integral, siempre en pro del mejoramiento laboral, social, cultural y natural.
La persona responsable es aquella que actúa conscientemente siendo él la causa directa o indirecta de un hecho ocurrido. Está obligado a responder por alguna cosa o alguna persona. También es el que cumple con sus obligaciones o que pone cuidado y atención en lo que hace o decide. En otro contexto, es la persona que tiene a su cargo la dirección en una actividad.
Más exactamente podemos determinar que una persona que se caracteriza por su responsabilidad es aquella que tiene la virtud no sólo de tomar una serie de decisiones de manera consciente sino también de asumir las consecuencias que tengan las citadas decisiones y de responder de las mismas ante quien corresponda en cada momento.
Por ello, es necesario añadir que un elemento que tiene que estar presente y que sin él es imposible hablar de responsabilidad es el de libertad, pues esta es la que determina el que alguien pueda realizar cualquier acción porque así lo estima oportuno o lo desea. Pero también es vital que dicho individuo tenga también razón. Así, quien carece de raciocinio, como por ejemplo un niño o un desequilibrado, no puede ser responsable de sus actos.
Muchas son las personas que carecen de esta virtud que, según señalan los expertos, se hace más patente en personas que cuentan con otras dos cualidades muy positivas. Por un lado, estaría la valentía y por otro la humildad. Y es que esta última es vital para que alguien que ha cometido un error con sus actos carezca de orgullo para pedir perdón.
La responsabilidad es un concepto bastante amplio, que guarda relación con el asumir
las consecuencias de todos aquellos actos que realizamos en forma conciente e
intencionada. Se trata de uno de los valores humanos más importantes, el que nace a
partir de la capacidad humana para poder optar entre diferentes opciones y actuar,
haciendo uso de la libre voluntad, de la cual resulta la necesidad que asumir todas
aquellas consecuencias que de estos actos se deriven.
La responsabilidad no sólo tiene relación con las consecuencias de nuestros actos, sino
que también está asociada a los principios, a aquellos antecedentes a partir de los
cuales el hombre toma las motivaciones para ejercer la libre voluntad y actúa. De este
modo, es comprensible que la responsabilidad esté en juego cuando una persona
comienza a realizar ciertas actividades sin tener motivos reales para hacerlo, aún en el
caso de que dicha acción traiga resultados positivos o favorables.
La responsabilidad de las personas es de suma importancia, ya que se trata de uno de
los valores que permiten mantener en orden la vida en comunidad, demostrando con
el esto el compromiso con las propias decisiones y con las consecuencias que éstas
pueden generarle tanto a la persona en sí como a quienes lo rodean.
Las personas responsables se diferencian de aquellas que no lo son en que las
primeras siempre toman en cuenta la intención de lo que están haciendo y no
cuestionan ni son limitadas por aquellas reglas que se les imponen como básicas para
cumplir sus objetivos. Por otra parte, una persona que carece de responsabilidad será
aquella que siempre busca y presenta excusas para justificar aquello que no realizó,
además de no mostrar un serio compromiso ante determinados asuntos hasta
asegurarse de que las cosas están bien encaminadas. Es por esto que la
responsabilidad, además de comportarse como uno de los valores humanos por
excelencia, es tan considerada, por ejemplo, a la hora de buscar un empleo, ya que
contratar a un sujeto que no es capaz de asumir las consecuencias de sus actos y que
no sea capaz de cumplir o comprometerse no asegura en ningún caso el cumplimiento
más básico de sus tareas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario